e Ilustrísima Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Nuestra Señora de la
Soledad, Santo Entierro y Santísimo Cristo de la Buena Muerte, es una
comunidad de fieles que nace en Llerena en el seno del extinto convento de
Santo Domingo, en torno al año1565, con el fin de hacer pública estación de
penitencia de la fe católica y de atender a sus hermanos y familiares en los
momentos inmediatamente posteriores a su muerte. Por ello, desde su origen,
mostró una clara función asistencial en relación con la defunción de sus
miembros, obligándose a organizar el entierro, no sólo de los hermanos, sino
también de sus familiares, acompañar al difunto, costear los gastos de cera
y la celebración de las misas por el alma del difunto.
Junto a esta finalidad funeraria, la
Hermandad de Nuestra Señora de la Soledad desarrolla un programa de cultos,
que giran, como es obvio, en torno a la celebración de su estación de
penitencia en la Semana Santa. Como preludio festivo a la conmemoración
pasionista, se celebraba, el domingo siguiente a la festividad de la
Epifanía del Señor (6 de enero), la fiesta del Niño Perdido, consistente en
la salida procesional, por separado, de las imágenes de la Virgen y del Niño
Jesús, siguiendo cada una un recorrido distinto, hasta su encuentro en un
punto determinado.
Pero como es lógico, el
acto central del programa festivo de la Hermandad de Nuestra Señora de la
Soledad, lo constituye la realización de la estación de penitencia el
Viernes Santo, acompañando la procesión del Santo Entierro. Como acto previo
a la salida, debía realizarse, la ceremonia del Descendimiento, practicada
habitualmente por las hermandades de esta misma advocación, en el siglo XVI.
Consistía en el desclavamiento y bajada del cuerpo de Cristo de la cruz,
durante el transcurso del sermón por ello denominado del Descendimiento,
predicado por un sacerdote, mientras otros cuatro – denominados los “
varones timoratos “ – desclavaban y bajaban la imagen del Señor de la Cruz y
la colocaban en los brazos de la Virgen. A continuación, envolvían su cuerpo
en una mortaja y se organizaba lo que era en sí la procesión del Santo
Entierro, que se encaminaba a la iglesia de la Concepción, donde se
depositaba la imagen de nuestro Señor.
El ciclo ceremonial de la Semana Santa, se
cerraba con la procesión del Resucitado, en la mañana del domingo de
Resurrección. Así en este día todos los miembros de la hermandad tienen
obligación “ de ir acompañando a Nuestra Señora con sus hachas de cera a la
procesión de Nuestro Señor Jesucristo Resucitado que ha de salir de la
iglesia de Nuestra Señora de la Concepción “. De esta forma la Madre saldría
de la iglesia de Santiago en busca de su Hijo ya resucitado para dirigirse a
la plaza, “ donde se han de juntar ambas procesiones “.
En 1650, ya trasladada a su
sede definitiva en la iglesia parroquial de Santiago Apóstol, la hermandad
accede al rango de cofradía, concedido por el Prior de la Provincia de San
Marcos de Leon, con la aprobación de sus primeras reglas.
En 1925 se reforma la
hermandad dotándola de nuevos estatutos y con el fin de “... rendir el
mayor culto posible a la Santísima Virgen, organizar con la mayor solemnidad
las procesiones de Semana Santa que le están encomendadas, e introducir en
general las reformas consistentes al mayor valor de dichos actos.”
En la actualidad hace
estación de penitencia el Viernes Santo con los pasos del Santísimo Cristo
de la Buena Muerte, Santo Entierro y Nuestra Señora de la Soledad.